¿Qué pasa si mi superior supervisa mi WhatsApp?

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¿Qué pasa si mi superior supervisa mi WhatsApp?



Las nuevas tecnologías generan multitud de situaciones en las que colisionan la privacidad de los trabajadores y el derecho de la empresa a la información.




Los expertos aconsejan elaborar normas internas claras para evitar conflictos y que todas las partes sepan a qué deben atenerse.


¿Qué ocurre si mi jefe quiere ver la conversación que uno de sus empleados ha mantenido con un cliente a través de su WhatsApp personal?

¿Tienen derecho las empresas a controlar el correo electrónico o las webs que visitan sus trabajadores desde el ordenador de la oficina?
O, en el lado opuesto,
¿es lícito utilizar los equipos del trabajo para consultar las cuentas corrientes o pedir cita con el médico a través de internet?


Cada vez es más frecuente que se planteen en las empresas este tipo de situaciones y muchos son los que no acaban de tener claro cómo deben actuar.


Entre otras cosas, porque no siempre es sencillo saber dónde están los límites de la privacidad (Protección de Datos ) y donde empiezan los derechos de la empresa, aunque la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que en septiembre anuló el despido de un trabajador rumano al que no se le advirtió de que estaba siendo controlado, ha arrojado algo de luz al asunto.


Si nadie me ha prohibido expresamente nada ni se ha dicho que se va a controlar, no cabe por qué pensar que va a ser así. Por eso, lo mejor siempre es redactar una normativa interna y hacerla llegar a los empleados para que sepan a qué atenerse. Tampoco está de más regular estas cuestiones en el convenio colectivo.

Mejor correos genéricos


A pesar de la norma general, todo tiene sus particularidades. Por ejemplo, en el caso de los correos electrónicos, además del derecho a la privacidad también entra en juego «el derecho al secreto de las comunicaciones».


¿Qué significa esto? Pues que los correos enviados a una dirección compuesta por el nombre y apellidos de un trabajador sólo puede abrirlos ese trabajador, aunque haya firmado un consentimiento para que sus superiores tengan acceso a sus mensajes.
Una vez abiertos, la empresa ya puede revisarlos.

Por eso lo mejor es usar direcciones genéricas del estilo «administración» o «soporte» a la que tengan acceso varios trabajadores.

Con el WhatsApp también pueden darse varios supuestos.

Si se trata de un móvil de empresa facilitado por la compañía, podrá acceder a él sin problema, siempre que haya advertido al empleado de la existencia de esta posibilidad. Si se trata de una conversación con el número personal del trabajador, la empresa sólo tendrá derecho a consultarla si lo ha pactado previamente por escrito con el empleado. En caso contrario, éste puede negarse.

Exceso de control

En cuanto a los mecanismos de control que pueden establecer las empresas sobre el uso de los ordenadores y otros medios, se aconseja no ser demasiado riguroso porque puede resultar contraproducente.

Las empresas deben plantearse si les compensa el mal ambiente que se genera cuando se toman medidas demasiado restrictivas o si, por ejemplo, vale la pena que un empleado tenga que pedir permiso para ir al centro de salud para obtener una cita porque no le dejamos hacerlo en el ordenador del trabajo.